A principios de marzo, tras el estallido de la pandemia de COVID-19, cerca de 200 personas, entre ellas el exsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon, firmaron una carta en la que criticaban duramente a las farmacéuticas por anteponer el afán de obtener beneficios extraordinarios a las necesidades de la humanidad. La venta de vacunas, tratamientos y pruebas financiados con fondos públicos al mejor postor generó desigualdades que costaron más de un millón de vidas, mientras que las empresas privadas amasaron miles de millones de dólares. Los firmantes instaron a los líderes mundiales a garantizar que semejante injusticia jamás se repita.
El conflicto entre el lucro y la equidad en salud no es nuevo. La comunidad sanitaria mundial luchó durante décadas para facilitar el acceso a los antirretrovirales a los pacientes con VIH/SIDA en entornos con menos recursos. Muchos actores comerciales intentan influir negativamente en las políticas nacionales e internacionales, socavar la ciencia o atacar directamente a quienes denuncian sus acciones. La reciente serie de artículos de The Lancet sobre la lactancia materna demostró cómo una extensa red de presión ejercida por las empresas de leche de fórmula ha frenado el progreso en la educación sobre la lactancia.
Esta historia pone de manifiesto la importancia fundamental de los determinantes comerciales de la salud para la equidad en salud, tema central de una serie publicada en este número de The Lancet , liderada por Rob Moodie de la Universidad de Melbourne, junto con autores de 15 países y seis continentes, con el apoyo de la Victorian Health Promotion Foundation de Australia. Los hallazgos principales son alarmantes: cuatro industrias (tabaco, alimentos poco saludables, combustibles fósiles y alcohol) son responsables de al menos un tercio de las muertes mundiales anuales. Sin embargo, gran parte del trabajo para comprender el impacto perjudicial (o beneficioso) de los agentes comerciales se ha realizado hasta la fecha de forma aislada en la investigación en salud. Cada campo se enfrenta a muchas de las mismas batallas y estrategias tácticas sin una agenda unificada para proteger la salud. Existe una falta de consenso entre los distintos campos de la salud para definir y comprender los determinantes comerciales de la salud. La serie de artículos de The Lancet busca remediar esta situación compleja y de larga data mediante una definición consensuada de los determinantes comerciales de la salud («sistemas, prácticas y vías a través de las cuales los agentes comerciales impulsan la salud y la equidad»), un marco para comprender el impacto de las entidades comerciales en la salud y un compromiso para abordar sus desafíos de manera integral.
Los autores de la serie presentan una visión audaz en la que los gobiernos, los actores comerciales y la sociedad civil contribuyen, ante todo, a mejorar la salud y el bienestar social. Esta visión es urgentemente necesaria. Como se expone en el segundo documento de la serie, los actores comerciales son diversos y muchos desempeñan un papel fundamental en la sociedad, pero sus productos y prácticas tienen un impacto cada vez más negativo en la salud humana y planetaria, así como en la equidad. La serie ofrece una agenda integral de acción, reconociendo la necesidad de modelos de negocio regenerativos y políticas transparentes y responsables (incluido el fin de la oposición de los actores comerciales a la regulación y las políticas sanitarias).
Moodie subraya que la Serie no es contraria a las empresas, sino que promueve la salud. Existen algunos ejemplos notables de empresas que actúan en favor de la salud. Por ejemplo, cerca de 200 instituciones financieras líderes (que en conjunto gestionan más de 16 billones de dólares estadounidenses) se han comprometido a apoyar políticas libres de tabaco en préstamos, inversiones y seguros. Sin embargo, aunque los marcos ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) se utilizan cada vez más para orientar inversiones más responsables, aún carecen de indicadores de salud específicos. La salud debe convertirse en una consideración crucial de los marcos de inversión y los mercados de capitales globales. Para ello, se requerirá la adopción de diferentes modelos económicos, nuevas medidas legislativas y regulatorias, la promoción y rendición de cuentas de la sociedad civil, y una mayor responsabilidad social corporativa. Los gobiernos deben estar facultados para alentar a las empresas a priorizar los impactos positivos en la salud. Como escribe Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, en un comentario adjunto, la salud pública no puede progresar sin abordar los determinantes comerciales de la salud. The Lancet celebra el próximo Congreso de la OMS y el primer Informe Anual sobre los determinantes comerciales de la salud, especialmente por su contribución al tratamiento de las enfermedades no transmisibles. Dados sus enormes impactos aún sin resolver, los determinantes comerciales de la salud deben ser reconocidos —y financiados— como un campo de investigación crucial.
Los actores comerciales y los líderes gubernamentales tienen una oportunidad crucial para proteger y mejorar la salud y promover la equidad sanitaria. Los hallazgos de esta serie deberían alentar a los jóvenes investigadores, las comunidades y los nuevos líderes gubernamentales y empresariales a imaginar, codiseñar y, sobre todo, invertir en un mundo donde la salud humana y planetaria siempre tenga prioridad sobre el lucro.


















